El Samurai sabía que había momentos en que la muerte era un tránsito demasiado cómodo. La vida puede ser algo mucho más duro y entonces hay que aceptarla a pesar de todos los pesares.
Este es el caso de aquel guerreo que había perdido en todas las batallas, que era perseguido por doquier, que se hallaba hambriento y solitario en el hueco de un árbol con la espada mellada y el arco roto. El hambre era su peor enemigo. Juzgó entonces que en aquellas circunstancias morir era demasiado cómodo e improvisó unos versos:
"Amontonaos dolores y tristezas, aún hay fuerza en los hombros para cualquier prueba"